JUAN RAMÓN JIMÉNEZ, EL «ANDALUZ UNIVERSAL»

Un breve, brevísimo resumen de su obra

La vida de Juan Ramón Jiménez fue la de un hombre en perpetua lucha consigo mismo, con su enfermedad, con sus circunstancias vitales, sociales e históricas (que le llevaron a sufrir un largo exilio) y con la exigencia desmesurada de su propia escritura, su verdadera pasión, una lucha para dar forma acabada, unitaria, definitiva, a toda su obra. La constante revitalización de su lírica a lo largo del medio siglo más intenso de la poesía española muestra la genialidad del gran creador que fue «el andaluz universal1«

EL VIAJE DEFINITIVO

Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros
cantando;
y se quedará mi huerto, con su verde árbol
y con su pozo blanco.

Todas las tardes, el cielo será azul y plácido;
y tocarán, como esta tarde están tocando, 
las campanas del campanario.

Se morirán aquellos que me amaron; 
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado, 
mi espíritu errará, nostáljico. 

Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco, 
sin cielo azul y plácido...
y se quedarán los pájaros cantando2.

El poeta que hoy nos atañe es de Moguer (Huelva) y su producción poética es inmensa, además de estar muy marcada por su delicada salud mental. Sufría depresión y neurosis, algo que se desató cuando murió su padre de forma inesperada. Juan Ramón se obsesionó con la muerte súbita y tuvo que ser ingresado en varios centros psiquiátricos.

SALVADORAS

Cuando lloraba yo tanto,
cuando yo tanto sufría, 
mis penas, solo mis penas
fueron constantes amigas...;
me quedé sin ilusiones,
me quedé sin alegrías, 
volaron mis esperanzas...,
y en el mar de mi desdicha, 
pobre y solitario náufrago
sin auxilio me perdía...;
llegó un momento supremo
en que aborrecí la vida...
entonces brilló a lo lejos
una playa bendecida,
la playa del sufrimiento, 
de las tristes nostalgías...;
pensé un instante en la lucha
¡Sol que alumbró muerto día!
y me abracé a mis dolores 
y salvé mi inútil vida...
¡Penas mías, yo os bendigo!
¡yo os bendigo, penas mías!
¡negras tablas salvadoras,
salvadoras de mi vida!
mi alma es vuestra, vuestra sólo;
yo no codicio alegrías,
yo gozo cuando estoy triste,
es mi llanto blanca dicha
que me embriaga de dulzuras,
de gratas melancolías...;
¡nunca, nunca me olvidéis
en el mar de mi desdicha!
¡entristeced a mi alma!
¡entristeced a mi vida!
¡que yo gozo con las penas
más que con las alegrías!
¡que jamás puedo olvidarme
de vuestra fuel compañía,
cuando solo, solo, solo
sin auxilio me perdía;
cuando llegó aquel momento
en que aborrecí la vida;
cuando lloraba yo tanto,
cuando yo tanto sufría...!3

Uno de esos sanatorios está en Francia, así que Juan Ramón tiene la posibilidad de leer a los simbolistas franceses. De esta etapa, unida a la que sigue en su estancia en otro sanatorio en Madrid, surgen Rimas (1902), Arias tristes (1903) y Jardines lejanos (1904), obras que luego llegó a repudiar en cierta medida. Hasta 1912, toda su producción poética está empapada del romanticismo de Bécquer, si bien ya con aspectos modernistas que cautivan a Rubén Darío y a Villaespesa, quienes le piden que vaya a Madrid a «luchas por el Modernismo».

Esta desilusión penetrante y amarga,
que empieza con la noche y empieza con el día;
¡este horror de vivir una vida tan larga,
-siendo tan corta- y quieta y dorada y vacía!

¡Sentir el alma llena de flor y de simiente
y ver llegar el hielo negativo y eterno!
... ¡Y saber, sin embargo, que era capaz la frente
de deslumbrar la tierra... y el cielo y el infierno!4
De tu lecho alumbrado de luna me venían
no sé qué olores tristes de deshojadas flores;
heridas por la luna, las arañas reían
ligeras sonatinas de lívidos colores...

Se iba por los espejos la hora amarillenta...;
frente al balcón abierto, entre la madrugada,
tras la suave colina verdosa y soñolienta
se ponía la luna, grande, triste, dorada...

La brisa era infinita. Tú dormías, desnuda...;
tus piernas se enlazaban en cándido reposo,
y tu mano de seda, celeste, ciega, muda,
tapaba, sin tocarlo, tu sexo tenebroso5.
Imagen de la artista Cristina Bosch Sardá, concedida por mi amigo FRB

Llegamos, entonces, a la «segunda época» del poeta, donde se traslada a Madrid en 1912 y se adentra en la Residencia de Estudiantes. Allí conoce a su futura esposa Zenobia Camprubí y comienza también su obra más conocida, Platero y yo. En esta etapa su escritura cambia, desde el erotismo (por influencia de Zenobia, quien desaprueba en cierta medida cómo lo usaba el autor6) hasta aspectos más formales. Juan Ramón sigue siendo una persona introvertida que busca la soledad por encima de todo, el aislamiento para la creación. Su poesía, ahora, busca la desnudez y el simbolismo más que el exceso de romanticismo. Se convierte en una poesía mucho más concisa, expresiva y ambigua; tanto, que se la ha llegado a considerar de «intelectualista»7.

RETORNO FUGAZ

¿Cómo era, Dios mío, cómo era?
-¡Oh, corazón falaz, mente indecisa!-
¿Era como el pasaje de la brisa?
¿Como la huída de la primavera?

Tan leve, tan voluble, tan lijera
cual estival vilano... ¡Sí! Imprecisa
como sonrisa que se pierde en risa...
¡Vana en el aire, igual que una bandera!

¡Bandera, sonreír, vilano, alada
primavera de junio, brisa pura!...
¡qué loco fue tu carnaval, qué triste!

Todo tu cambïar trocose en nada
-¡memoria, ciega abeja de amargura!-
¡No sé cómo eras, yo sé que fuiste!8

Es importantísimo aquí el concepto de «poesía desnuda» en todos los aspectos del propio poema. Juan Ramón Jiménez llega a la casi teoría filosófico-literaria (me disculpan por la osada invención del término) de crear una poesía tan exacta que resulta imprecisa9. El exceso de claridad y concisión puede aportar matices ambiguos y eso resulta clave en sus versos.

¡Intelijencia, dame
el nombre exacto de las cosas!
... Que mi palabra sea 
la cosa misma,
creado por mi alma nuevamente.
Que por mí vayan todos
los que no las conocen, a las cosas;
que por mí vayan todos
los que ya las olvidan, a las cosas;
que por mí vayan todos
los mismos que las aman, a las cosas...
¡Intelijencia, dame
el nombre exacto, y tuyo, 
y suyo, y mío, de las cosas!10

Como me parece importante ser concisa también en mis análisis, en mis entradas para el blog, vamos a saltar al 1936 (sí, dejo por ahí el Diario de un poeta recién casado, de cuando se casó con Zenobia, antes de la poesía desnuda). El año del levantamiento militar y de la huida de todos los republicanos, entre los que está Juan Ramón Jiménez, quien firmó, de hecho, el manifiesto a favor de la República, se puso a su servicio, y trabajó para la Junta de Protección de Menores11. Los Jiménez estuvieron, entonces, residiendo en varias partes de América e Hispanoamérica, ejerciendo de profesores y, en el caso del poeta, revisando su obra y tratando de aunarla entera en una antología perfecta. El 25 de octubre de 1956 recibe el Premio Nobel de Literatura, Zenobia muere días después y, el 29 de mayo, fallece Juan Ramón Jiménez Mantecón de una bronconeumonía.


1Diccionario Biográfico Español de la Real Academia de la Historia. DP5 – 00.26 DBE tomo XXVIII. indd 33.

2PLAZA, José María. Entre el clavel y la rosa. Antología de la poesía española. Madrid: Espasa Calpe, 1998.

3JIMÉNEZ, Juan Ramón. Antología poética. Edición de Javier Blasco. Madrid: Cátedra, 1999.

4JIMÉNEZ, Juan Ramón. Elejías. Madrid: El País, 2008

5JIMÉNEZ, Juan Ramón. La soledad sonora. Madrid: El País, 2008

6PARAÍSO, Isabel. Cómo leer a Juan Ramón Jiménez. Madrid: Ediciones Júcar, 1990.

7JIMÉNEZ, Juan Ramón. Antología poética. Edición de Javier Blasco. Madrid: Cátedra, 1999.

8JIMÉNEZ, Juan Ramón. Sonetos espirituales. Madrid: El País, 2008.

9JIMÉNEZ, Juan Ramón. Antología poética. Edición de Javier Blasco. Madrid: Cátedra, 1999.

10JIMÉNEZ, Juan Ramón. Eternidades. Madrid: El País, 2008.

11Diccionario Biográfico Español de la Real Academia de la Historia. DP5 – 00.26 DBE tomo XXVIII. indd 31.

Publicado por

Isabel

Madrid, 6 de julio de 1993 - Estudié filología hispánica en la Universidad Complutense de Madrid y tengo la inmensa suerte de dedicarme a ella cuando no tengo que trabajar.

2 comentarios en «JUAN RAMÓN JIMÉNEZ, EL «ANDALUZ UNIVERSAL»»

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