TEMA 1 – LOS ORÍGENES

Nota: las palabras subrayadas son enlaces que te llevan a lecturas interesantes de donde he sacado información. Al final pongo la bibliografía principal en la que me he basado y que yo también he estudiado.

El ser humano siempre ha tenido la necesidad de comunicarse de alguna forma que no fuese haciendo señas. También había que comunicarse desde lo lejos, o pasado un tiempo, o comunicar algo a futuras generaciones, como acontecimientos históricos. De ahí las señales de humo, por ejemplo, o los monumentos pétreos. Podemos decir que este sería el origen de la comunicación (perenne) que, después, daría lugar a la escritura. Los monumentos pétreos son piedras que se colocarían de manera estratégica para darle un significado. Un ejemplo de esto lo encontramos en los crómlech, los dólmenes, etc. Esto encajaría también en el mismo momento histórico en el que se dan las pinturas rupestres, como las de las Cuevas de Altamira.

Luego aparecen ya otros sistemas de comunicación más complicados y sofisticados. En Perú, por ejemplo, tenemos los quipu, unos cordeles que cuelgan de un cordel principal horizontal. A estos cordeles que cuelgan se les hacían unos nudos y daban cuenta de ciertos cálculos numéricos. En el norte de América nos encontramos con el wampum, unas conchas muy pequeñitas que se meten por unos cordeles, como si fuera una pulsera, y que servía para registrar ciertos acuerdos o contratos. Los indios Dakota usaban los Winter counts, unas pieles de animales en las que dibujaban acontecimientos. Los australianos primitivos usaban los llamados stickmessages, unas piezas de madera en las que se grababan acontecimientos y noticias. Por último, en Argentina y en España se daba uso de las tarjas, unos palos de madera que se partían por la mitad y servían para hacer compras y demás.

Todo esto acabaría, obviamente, dando lugar a la escritura. Los orígenes de la misma los encontramos en Mesopotamia, en Sumer, donde se grafiaban con un estilo de caña signos cuneiformes en tablillas de arcilla húmeda. El tamaño de estas tablillas era de unos 30×40 y las planchas podían tener de seis a diez caras. El contenido de estas tablillas era de temática religiosa, económica, documentos legales y administrativos, documentos históricos, etc. En Egipto aparecería la escritura jeroglífica (también en México, por cierto), donde la información se representa mediante figuras y signos. Por último, en China, el sistema gráfico de comunicación sería la escritura ideográfica con elementos fonéticos. Este sistema se usaría también en Corea y en Japón.

Así, nos damos cuenta de la clara evolución de la escritura. Primero, partimos de una escritura más bien pictórica, con dibujitos eso; más tarde, esta escritura pasa a ser ideográfica, es decir, una imagen misma representa una idea. Por último, a los elementos ideográficos se les añadirían elementos sonoros ejecutados por el habla hasta convertirse en escritura totalmente fonética en algunas lenguas.

LAS ESCRITURAS EUROPEAS

Escritura ogámica:  el alfabeto Ogam, que da nombre a este tipo de escritura, es de origen irlandés y se ha quedado básicamente en esta zona de Europa. La mayoría entre los años 400 y 600 d.C.  Son unas muescas que van en grupos, muy criptográficos en cierto sentido por su dificultad, y que daban poca información porque la mayoría son nombres.
Escritura rúnica: sus letras se llaman runas y su alfabeto se utilizaba, sobre todo, por los germanos y antiguos escandinavos. Las inscripciones más antiguas datan del año 150 d.C. y se ha seguido utilizando mucho tiempo después en Europa central y oriental y durante la Edad Media.
Escritura uncial: entre los siglos III-IV hasta el VIII, toda en mayúsculas, es un tipo de escritura libraría o rústica que fue muy utilizada por escribas latinos y griegos.
Escritura semiuncial: siglos V al IX d.C., escritura libraria que se encuentra en códices de estos siglos. Representa un paso hacia adelante en la letra minúscula, aunque se hace una mezcla entre mayúsculas y minúsculas. Tiene ya puntuación.

Escrituras derivadas de la latina

Escritura merovingia: Galia, dinastía de los reyes merovingios en Francia. Siglos VI al VIII d.C., antes de la reforma escritoria de Carlomagno. Minúsculas.
Escritura lombarda: Italia. Siglos VII a XIII d.C., también conocida como escritura beneventana. Muy usada, sobre todo, en la Italia meridional y parte de la minúscula romana que irá adquiriendo gradualmente forma libraria. Se la llama lombarda, longobarda, longobarda casinense o beneventana. Sobrevivió a la escritura carolingia pero fue completamente suplantada por la gótica. Representa rasgos unciales y semiunciales y es altamente caligráfica.
Escritura visigótica: Península Ibérica. Siglos VIII al XII d.C. Formada a finales del período visigótico y con claros influjos árabes. Fue usada en toda la Península Ibérica aunque en Cataluña fue sustituida por la carolingia en el siglo IX. Los visigodos, aunque invadieran la Península, no renunciaron a la cultura romana y, por eso, siguieron utilizando su tipología. Sí es cierto que a veces usaron el alfabeto ulfiano (que desapareció) pero solo para ciertos documentos. Fue una letra muy utilizada en los reinos de Asturias, León, Castilla, Navarra y Aragón y los principales centros fueron Ripoll, Toledo o Burgos. Es una letra muy legible y contiene, entre otros, rasgos unciales y semiunciales.
Letra carolingia: También llamada carolina. Imperio de Carlomagno. Siglos VIII a XII d.C. Escritura minúscula, acabó teniendo mucha importancia y se extendió por toda Europa. En este tipo de escritura las palabras se separan, los trazos son muy claros y se usan pocas abreviaturas, lo que hace que todo sea muy legible.
Escritura gótica: Siglos XII a XV d.C. Sustituye a la carolingia. Es una letra estrecha y con líneas gruesas, uniforme, regular y geométrica.
Escritura humanística: Finales del siglo XIV. Se distingue de la anterior por su forma redonda y no angular. Se trata de una recreación voluntaria de antiguos tipos como los de la época carolingia. Uno de los precursores en utilizar este tipo de escritura fue Petrarca, quien decía que la escritura debería ser legible y clara y no tan luxuriosa como lo era la gótica. Es fundamentalmente  una escritura minúscula, muy utilizada por las élites doctas y muy dirigida a libros de bibliófilos, caros y lujosos. Luego, la imprenta adoptó sus tipos, de ahí que esta escritura durase tanto tiempo.

EL ALFABETO

El origen del alfabeto se cree que está en el antiguo Egipto, aunque en otros sitio se refieren a Fenicia como su lugar de nacimiento. El primer alfabeto conocido data del año 2000 a.C., aprox., y se deriva de una adaptación alfabética de los jeroglíficos egipcios. Lo que sí es cierto es que los fenicios fueron los primeros en utilizar y desarrollar este alfabeto. Este alfabeto derivaría luego en el arameo y en el griego. Del arameo surgirá después el árabe y así.
Los griegos adoptaron (y adaptaron) el alfabeto fenicio en el siglo VIII a.C., y constaba de 22 caracteres al principio y, más tarde, 24. Después, el alfabeto latino tendrá 21 letras en el período clásico, 22 en el siglo I y luego 23.
Cabe mencionar el alfabeto ulfiliano como alfabeto ya desaparecido. Este alfabeto representa solo los sonidos consonánticos y tiene su origen en Siria y Fenicia.

LOS SOPORTES DE ESCRITURA

Dentro de los diferentes soportes de escritura tenemos que diferenciar entre los que son de materiales duros (o arqueológicos), como el mármol, las piedras, las paredes, etc.; los materiales blandos (o paleográficos), que son el papiro, el pergamino y el papel. Por último, tenemos las tablillas de arcilla, con una parte blanda que es la cera y una parte dura que sería el soporte. En esta parte del temario lo que nos concierne más de cerca serían los materiales blandos, que vamos a desarrollar con más detenimiento.
El papiro: el papiro se obtiene del tallo de su planta homónima, que crecía a orillas del río Nilo. Tiene su origen en el cuarto milenio a.C. Fue el soporte de escritura usado principalmente en Egipto y Grecia Clásica. Este material se enrollaba y podía llegar a medir entre 6 y 9 metros de largo y entre 23 y 38 centímetros de ancho. El papiro más antiguo del que se tiene constancia es el que se encontró en el puerto de Wadi al-Jarf a finales del reinado de Keops, en el 2600 a. C. El libro en papiro más antiguo que se conserva es el Gran papiro Harris (también es el más largo puesto que mide 45 metros). Otros papiros de los que se tiene constancia son los Manuscritos del Mar Muerto, Qumram, 1947; los papiros de El Gebelein, finales de la dinastía IV, 2500 a.C y los papiros de Abusir, finales de la dinastía V, 2350 a.C.
El pergamino: el pergamino es piel de animal (vaca, oveja o cabra) y aparece en Pérgamo bajo la influencia del rey Eúmenes II sobre el siglo IIIa.C. Apareció casi un milenio después del papiro, en un momento en el que este empezó a escasear. El pergamino era mucho más suave, más manejable y, además, tenía la ventaja de que se podía borrar lo escrito y volver a utilizarlo (palimpsesto). En el siglo IV a. C., el pergamino ya sustituyo por completo al papiro.
El papel: el papel es un material que aparece en el norte de China, en Pachiao, Shensi, en el 150 a. C., y no es hasta mil años después que llega a Europa mediante dos vías diferentes: la vía española, en el 1150, traído por los árabes desde Fez, con el primer molino de viento en Játiva; y la vía italiana, en el 1270, donde llega a Venecia y Montefano. Después, llegará a Alemania en el año 1320, a Inglaterra en el 1494 y a Estados Unidos en e 1690. Para su fabricación se empleaba fibra de cáñamo o de lino y era mucho más barato que el pergamino.

LAS BIBLIOTECAS EN LA ANTIGÜEDAD1

Mesopotamia

Las bibliotecas más antiguas conocidas las encontramos en Mesopotamia y en Egipto, donde ya hemos dicho que allá por el 3000 a.C. aparecen los primeros indicios de escritura. No había bibliotecas públicas puesto que casi nadie sabía leer y, además, en Mesopotamia eran bastante diferentes a lo que conocemos hoy como biblioteca. Para empezar, no había distinción entre biblioteca y archivo, eran simplemente sitios en los que se guardaban materiales de archivo y de biblioteca todos juntos. El material era sobre todo de índole administrativo. No obstante, sí que estaban colocados siguiendo un orden según la materia. En el exterior había fuentes y hornos, por lo que se sobreentiende que las tablillas de arcilla se hacían allí mismo. Además, las tablillas llevaban una especia de etiqueta para identificar la obra. Por esta razón, podemos hablar más o menos de biblioteca en Mesopotamia. Hay tres bibliotecas que son de gran importancia:
Biblioteca de Ebla: en Siria, a pocos kilómetros al suroeste de Alepo. La encontraron unos arqueólogos en el año 1980, que se toparon con una sala rectangular pequeña con unas dos mil tablillas de arcilla. Por lo visto, se guardaban en estantes de madera adosados a la pared pero cayeron todos al suelo en un incendio. Estas tablillas son, sobre todo, de temática administrativa. Se han encontrado en esta biblioteca unos catálogos muy primitivos que ayudarían a localizar las tablillas en estos estantes de los que hablamos.
Biblioteca de Hattusa: Hattusa es un yacimiento antiguo situado a trescientos kilómetros al suroeste de Ankara. Los arqueólogos encontraron una enorme cantidad de tablillas de madera donde sí que aparecen algunas con temática gubernamental y administrativa pero (y aquí está la novedad) tenemos otras con prosa hitita o incluso épica sumeria y babilónica. Además, aparecen aquí ya catálogos mucho más elaborados que los de la biblioteca de Ebla, donde se especifica el número de tablillas, el autor, el título y dónde está situada.
Biblioteca de Nínive: también conocida como biblioteca de Asurbanipal. Entre las tablillas que se encontraron en esta ciudad destaca la que tiene inscrita el mito de Gilgamesh, mito de la Creación; también aparecieron aquí la mayoría de las obras famosas de la literatura del Próximo Oriente que conocemos hoy en día. Esta biblioteca era para uso exclusivo de Asurbanipal, que era un hombre muy culto. Las tablillas las consiguió en la guerra contra su medio hermano, que reinaba en Babilonia. Como él ganó, se las llevó todas a Nínive y, además, mandó hacer copias. Se apoderó también de las tablillas de la biblioteca de Tiglatpileser en Asur y también de algunas colecciones privadas. Vamos, que lo robó todo.

Grecia

Grecia, en sus verdaderos inicios (sobre el 1600 y el 1200 a.C.), era muy parecida al Próximo Oriente y, de hecho, ya en las obras épicas de Homero queda reflejado. Pero hubo un momento, en torno al 1200, en el que aparece una época oscura debido a la destrucción de las ciudades y, por consiguiente, de la administración de los palacios. Luego, ya en el siglo IX a. C. vuelve otra época en la que se produce todo el arte dramático, la historia, la filosofía y los demás logros intelectuales que conocemos hoy en día.
El alcance real de la escritura  y la lectura entre los atenienses viene de la mano de las tragedias de Esquilo, Sófocles y Eurípides quienes, a mediados del siglo V a.C. se consideraron como pensadores muy activos en la vida cultural de la ciudad. Todas sus obras eran leídas y estudiadas por todos los ciudadanos. Se leía en esta época. Ya por el 500 a.C. se leía a Homero y otros poetas. Ejemplo de ello lo encontramos en los vasos griegos en los que aparece una persona sentada leyendo un rollo abierto. Y lo cierto es que en Grecia había escuelas y se tiene constancia de que incluso las mujeres (aunque fueran las de alta alcurnia) también leían y eran cultas. Esta elevación del nivel cultural favoreció, sin duda, la creación de bibliotecas como la de Alejandría o la de Pérgamo. Pero contamos con indicios para saber que,  al menos, todas las ciudades contaron con una biblioteca.
Hacia el siglo IV a.C. existían ya indicios de una biblioteca pública, circulaban obras sobre muchos temas, existían los scriptoria para hacer copias y los comerciantes las vendían y la gente empezó a acumularlos. Las bibliotecas estaban siempre vinculadas a un gymnasium. Eran financiadas mediante contribuciones en dinero y en libros por los miembros de la comunidad. En Atenas, los fondos incluían muchísimas tragedias y comedias de dramaturgos famosos.
La biblioteca de Alejandría: Fue fundada hacia el 300 a.C. por Ptolomeo. La biblioteca más parecida que había existido hasta entonces es la de Asurbanipal. Tenía una colección completísima y abarcaba libros de toda clase temática y procedente de muchos lugares. Era pública, estaba abierta a todos los eruditos y a todos aquellos que tuvieran cualificaciones literarias. Su finalidad era, sin duda, reunir todas la obras de todos los lugares y todas las épocas. A medidos del siglo III a.C. la biblioteca ya podría perfectamente poseer cerca de 490.000 libros. Dos siglos después, contenía ya 700.0002. Constaba de dos partes: el museum (parte grande) y el serepeum (parte pequeña). Algunos autores dicen que la biblioteca duró hasta el año 48 a.C., cuando fue destruida por el fuego.
La biblioteca de Pérgamo: fundada entre el 241 y el 197 a.C. por Atalo I, fue una de las bibliotecas que alcanzaron mayor renombre. Atalo consiguió una gran cantidad de volúmenes entre compra y a través de encargos. Luego si hijo Eumenes II continuó lo que su padre había comenzado y convirtió Pérgamo en un centro de literatura y de saber. Es la primera biblioteca en utilizar el pergamino como material para escribir. Se encuentra junto al templo de Atenea. Sabemos que era una biblioteca bastante grande pues albergaba los 200.000 volúmenes que Marco Antonio regaló a Cleopatra.

Roma

En Sicilia y en el sur de la península itálica existían asentamientos griegos desde el siglo VIII a. C. Estos asentamientos fueron expandiendo toda su cultura hacia el norte hasta que llegaron los etruscos y adaptaron el alfabeto griego que, a su vez, fue adaptado por los romanos hasta crear el latín.
Las primeras obras literarias latinas entran en el registro histórico allá por el 240 a.C. Por aquel entonces la literatura griega tenía casi medio milenio de vida y estaba recopilada en la biblioteca de Alejandría.
Ya antes del siglo I a.C. se empiezan a hacer copias y traducciones de las obras griegas y los romanos acabaron por convertirse en grandes admiradores de las mismas.
En las últimas décadas del siglo III a.C. y durante las primeras del II existieron dos clases de biblioteca privada en Roma: las colecciones generales de clásicos griegos propiedad de familias acomodadas, y los grandes fondos de obras teatrales latinas y griegas propiedad de los representantes teatrales. Se sabe también que muchas familias contaban con, al menos, una pequeña biblioteca con los autores más conocidos. Dada la faceta historiadora de los romanos, todo indica que a mediados del siglo IIa.C. la ciudad de Roma contaba con grandes recursos bibliográficos, eso sí, privados y accesibles solo a unos pocos. Además, durante la primera mitad del siglo I a.C. y con las guerras librarias en Grecia y Asia Menor, estos recursos bibliográficos crecieron considerablemente, ya que hubo grandes saqueos. Otras bibliotecas, sin embargo, como la de Cicerón, no fue resultado de ningún saqueo (como sucedía con muchísimas de las demás) sino que fue su propia recopilación fruto del amor a la literatura. También su amigo Ático o el coetáneo Varrón disponían de maravillosas bibliotecas privadas.
Los romanos, además de tener una biblioteca en su casa, poseían villas rurales dotadas también de una buena colección. De hecho, en el caso de Cicerón o Ático, tenían unas colecciones tan grandes que necesitaban de un experto que las organizara y un profesional para su conservación.
Biblioteca de Asinio Polion: se trata de la primera biblioteca pública en Roma. Solo sabemos de ella por su mención en los escritos, dado que su propia estructura ha desaparecido. Estaba ubicada en el centro de la ciudad, muy cerca del foro y constaba de dos secciones: una para las obras en griego y otra para las obras en latín. Estaba decorada con estatuas de autores famosos.
Biblioteca Palatina: es la segunda biblioteca romana y la hizo construir Augusto (se la conoce también como biblioteca de Augusto). De esta biblioteca sí se conservan algunos restos. Se estructuraba también en dos secciones, la griega y la latina.
Biblioteca de tiberio: bajo el mandato del emperador Tiberio, se sabe que tuvo que ser bastante grande porque se nos dice que la decoraba una estatua de Apolo de más de 15 metros de altura.
Biblioteca de Trajano: es parte del Foro monumental que el emperador hizo construir y se encuentra cerca de la famosa columna de Trajano. Contaba, obviamente, con las secciones de griego y de latín, situadas una frente a otra. Y justo en el centro está la columna.
Todas estas bibliotecas ya contaban con personal especializado encargado de gestionarlo todo, como los bibliothecarius, que tenía a su cargo un número de empleados que funcionaban como una especie de empleados públicos.
Fuera de Roma había también bibliotecas que albergaban básicamente clásicos y obras de autores locales. Alguna vez se encontraban también obras poco corrientes que llegaban allí por casualidad.


1CASSON, Lionel. Las bibliotecas del mundo antiguo. Trad.: Mª. José Aubet. Barcelona: Ediciones Bellaterra, 2003. Impreso

2HERNÁNDEZ, David. «La biblioteca de Alejandría, la destrucción del gran centro del saber de la antigüedad». Historia National Geographic. 24 de octubre de 2020. Web. 28 de enero de 2023. <https://historia.nationalgeographic.com.es/a/biblioteca-alejandria-destruccion-gran-centro-saber-antiguedad_8593>