UNIR EXPLICANDO

En la comunidad en la que limpio hay un vecino (al que llamaremos Julián) con el que suelo charlar de política cuando nos encontramos. Es una graciosa relación de compadreo en la que él me dice que las rojillas como yo es que estamos cegadas y yo le suelo hacer chascarrillos con que «Julián, hijo, cómo vivís de bien los jubilados de derechas«. El otro día, saliendo ya para mi casa, me lo encontré y, tras una charla, me dijo: «¿Tú sabes por qué ganó Franco? Porque el bando nacionalista estaba mucho mejor organizado que el republicano«. Más allá de la simplificación histórica de la frase de Julián, que se resiste a cualquier análisis un poco más minucioso que una charlita con prisas, me quedé pensando en que hoy sí que podríamos estar hablando de una organización más cohesionada de la derecha con respecto a la izquierda. No se trata de una organización militar, sino de algo más sutil y ajustado a nuestro tiempo: la organización discursiva.

La derecha y la ultraderecha tienen un punto muy fuerte de cohesión y es que el discurso que utilizan – aunque sea incierto – es unánime, firme y repite un marco muy reconocible. En Las Nubes, Aristófanes caricaturizaba a los sofistas como maestros capaces de hacer triunfar el argumento más débil con destreza retórica. La escena es antigua, pero el mecanismo resulta inquietantemente familiar. Los discursos que están moviendo masas a día de hoy son aquellos que triunfan por encima de su veracidad, imponiéndose ante todos sin necesidad de ninguna explicación. Y, frente a esto, a la izquierda española se le suele ocurrir contestar con gracia o contraatacar, pero se le olvida lo más importante que hay en política: la pedagogía.

Tenemos al menos dos problemas en la izquierda española: la desunión y la falta de pedagogía. Y hay que tener bien claro que la solución de la primera debe ir de la mano de una pedagogía constante, y mucho más en tiempos de sofistas. Si el discurso de la ultraderecha reduce la inmigración a una amenaza no basta con que algunos desmientan puntualmente la narrativa y, desde luego, flaquísimo favor hace Rufián hablando de que «los flujos migratorios son un reto para los barrios»1. Necesitamos políticos que hablen de movimientos migratorios, del papel que juegan las guerras, del origen de las mismas, del mercado laboral, de las desigualdades globales, etc. Políticos que hablen de la Conferencia de Berlín, ¿por qué no? Seríamos todos mucho más empáticos.

Si la ultraderecha reduce el problema de la vivienda a la ocupación no basta con decir que eso no es así, que el problema son los fondos buitre. Hay que explicar quiénes son esos fondos, qué hacen, de dónde vienen, cómo consiguen las cosas, cuáles son sus beneficios fiscales, por qué encarecen los precios, etc.

Jose Manuel Jurado, diputado andaluz de Por Andalucía, es un clarísimo ejemplo de lo que pido. Hace no mucho se le ocurrió llevar a la Asamblea un dibujo del ciclo del agua y explicarnos a todos cómo funciona, dado que a alguien de Vox se le ocurrió difundir un vídeo diciendo que se estaba desperdiciando el agua de los ríos. Esto puede parecer una pedagogía muy simple pero, en el fondo, es de un valor impresionante. Porque si ahora en la sociedad están calando alegatos tan burdos, tendremos que centrarnos en explicarlos. La confusión se aclara con pedagogía, no con un tuit. Lo mismo da que haya que explicar el ciclo del agua o el reparto de África en 1885. Lleva más tiempo y más esfuerzo pero es muchísimo más eficaz.

La izquierda, más que organizarse por siglas, debe organizarse por enfoque metodológico, y solo así conseguirán la unión verdadera. Porque la unión la pueden hacer ellos de forma material pero, de forma simbólica, somos nosotros quienes la llevamos a cabo. Somos nosotros quienes, teniendo claro su discurso, vamos a dejar de sentir esta desafección política a la que estamos abocados. No importa tanto cuántos partidos de izquierda haya si todos ellos siguen un mismo camino, que es el de informar con argumentos, explicar y enseñarnos de verdad lo que está pasando en el mundo, que afecta directamente a nuestro país. Solo hace falta un Vox para triunfar pero si hubiera treinta como ellos diciendo exactamente lo mismo arrasarían aún más.

La unión de la izquierda no pasa tanto por ir todos juntos en una misma mesa electoral sino por hablar el mismo idioma político, porque la verdadera coalición se lleva a cabo en el Parlamento. Y esto es algo que nosotros, los de izquierdas, debemos exigir a quienes nos representan. Decía Julio Anguita que la política era una cosa muy seria y yo digo que, secundando su moción, tenemos que exigir a nuestras izquierdas menos rebatir como si estuviéramos en una red social y más explicar a través de la pedagogía. Con más tiempo, más calma, más paciencia. Que ellos están en una Asamblea pero el pueblo está en la calle escuchando, analizando, creyendo. Y el pueblo a veces está perdido y necesita herramientas para entender lo que le afecta. La pedagogía es el camino más honesto que puede tomar la izquierda frente a la criminalización y acusación continuas de la ultraderecha, y es el arma más efectiva porque es real y de eso, al final, la gente se da cuenta.

  1. ALABAO, Nuria. El error de Rufián: contra la asociación entre migraciones y delincuencia. Contexto y Acción. 24/11/2025. Web: https://ctxt.es/es/20251101/Firmas/51087/nuria-alabao-gabriel-rufian-migrantes-criminalidad-precariedadd-bulos-vivienda.htm ↩︎