“ARRUGAS”, DE PACO ROCA

Comienza la historia con Juan y su mujer, quienes tratan de pedir un préstamo al banco para ingresar a su padre, Emilio, quien padece de Alzheimer, en una residencia de ancianos.

Una vez en la residencia, Emilio conocerá a los que, desde el primer día, serán sus amigos: Miguel, quien carece de melancolía por estar en la residencia, ya que no tiene familia y ha vivido siempre en soledad; Pellicer, un exatleta que lleva siempre recortes de los periódicos en los que él aparece y cuyo mayor hobbie es contar su historia como deportista; Antonia, una mujer de lo más optimista, lo cual le permite ver siempre el lado positivo de la residencia; Dolores y Modesto, un matrimonio siempre unido pero también afectado por la horrible enfermedad a la que llamamos Alzheimer, y otros muchos personajes que no dejarán de sorprendernos por sus peculiaridades.

Pero lo que más me ha llamado la atención del cómic es el tema de la soledad, un tema que Paco Roca ha sabido reflejar a la perfección. ¿Será que nos acostumbramos a la soledad? ¿Nos convertimos, en el fondo, en Miguel, el personaje que ha decidido vivir en soledad por cuenta propia? A veces, por circunstancias de la vida, nos encontramos en situaciones en las que la única y mejor compañía somos nosotros mismos. Y esa soledad se va convirtiendo en una especia de bucle de la que no deseamos salir. Las relaciones afectuosas con el resto de personas que nos rodean van desapareciendo, hacemos que vayan desapareciendo; o, si están, no las cuidamos. Porque hablo de una soledad emocional, ya que la soledad física es completamente imposible.  Y, cuanto más solos estamos, más solos queremos estar, porque nadie nos va a entender, nadie va a amarnos y odiarnos tanto como nosotros lo hacemos.

Nos acostumbramos a que nadie, absolutamente nadie, entre en nuestro interior, no vaya a ser que lo desordene o lo ensucie. Decidimos que estamos tan llenos de vida que no necesitamos otra que nos complemente. Mientras, el tiempo pasa y no comprendemos el mundo porque no podemos compartir nuestras opiniones. Pasa la vida y todo se va difuminando un poco, todo se va olvidando, como se difumina y olvida la vida para Emilio.

¿Decidimos nosotros la soledad o viene ella? ¿Se encariña ella con nosotros o nosotros con ella? Hay algo claro: la soledad tiene algo atractivo para quienes la disfrutan; tiene algo que engancha y que no te deja salir. Puede ser la mejor o la peor de las compañías…  

Publicado por

Isabel

Madrid, 6 de julio de 1993 - Estudié filología hispánica en la Universidad Complutense de Madrid y tengo la inmensa suerte de dedicarme a ella cuando no tengo que trabajar.

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