Desde que la Fundación Humanitaria de Gaza (GHF) asumió el reparto de ayuda humanitaria1, conseguir comida es un auténtico apocalipsis. La antesala del infierno.
Me sentí como en un episodio de Squid Game. Miles -decenas de miles- duermen cerca de la puerta esperando el amanecer, porque la cantidad de alimentos que se distribuyen es muy limitada. Llegué a las 2 de la madrugada y, al amanecer, un dron cuadricóptero se acercó a la multitud y habló en árabe entrecortado: «Ahora entraréis para recibir la comida. Hay un tiempo limitado; todos debéis marcharos antes de que se acabe. Todos debéis respetar el tiempo».
Todos se levantan, se quitan las camisas para convertirlas en bolsas improvisadas para latas de alubias y sacos de arroz. Un empleado de la empresa estadounidense hace señas con la mano para que la gente entre. La gente entra corriendo y gritando. Parecía el Día del Juicio Final.
Entramos en un gran patio rodeado de vallas de hierro. Las mesas en forma de U están apiladas con todo lo que los gazatíes anhelan: arroz, aceite, azúcar, chocolate, harina. Y como las provisiones solo pueden alimentar a unos cientos de personas, el patio se convierte en algo parecido a una arena de gladiadores romana. Quien pierda… su familia dormirá hambrienta esa noche.
Cuando se acaba el tiempo, el cuadricóptero vuelve de nuevo, ordenando a la gente que se retire y abandone el patio inmediatamente. Nadie escucha; todos están ocupados recogiendo comida del suelo. Vi a una mujer y a su hijo recogiendo granos de arroz mezclados con arena, vertiéndolos en un saco que llevaban.
Entonces, un tanque israelí toma posición en una colina cercana que domina el punto de distribución. Abre fuego contra la multitud. La gente grita y corre. Nadie se preocupa por los demás; pasan por encima de los cadáveres alcanzados por las balas. Todos intentan sobrevivir2.
Así lo cuenta el hermano de Moh Zraiy, testigo directo de una escena que a muchos nos podría parecer sacada de una de las miles de películas sobre la Segunda Guerra Mundial.

Desde entonces, cada día, los gazatíes son llamados a una ratonera disfrazada de ayuda humanitaria donde resultan, una vez más, asesinados. Allí, la población famélica y desesperada es despojada -más aún- de su dignidad, convirtiéndose en cuerpos hacinados, gritos, miedo y llantos. Israel ya no asesina a tiro de bomba sino que hace un espectáculo de la propia muerte. Tal y como dice el hermano de Moh Zraiy: como si fuera El Juego del Calamar. Y Occidente aplaude desde una grada patrocinada por su socio: los Estados Unidos de la maravillosa América.

Hoy continúa pasando, aunque ahora Israel y Estados Unidos estén jugando a colonizar también Irán alegando unas armas nucleares que, –spoiler– no tienen3. Aunque ahora el foco mediático pese más sobre la incipiente guerra de Israel y su esbirro y protector Estados Unidos contra Irán y sus peligrosísimas y abrumadoras armas nucleares, no quiero que nos olvidemos de los miles de palestinos que hoy están muriendo por ir a recoger harina.
Siguen muriendo adultos que, ¿sabéis qué? dejan huérfanos a sus hijos. Según un informe de la ONU (lo único que sabe hacer), desde el 7 de octubre y hasta hace un año, en la Franja han muerto más de 16.756 niños, al menos un millón han sido desplazados, 21.000 están dados por desaparecidos, 20.000 han perdido a uno o ambos progenitores y 17.000 se encuentran solos o separados de sus familias4. Esto fue hace casi un año. Los asesinatos siguen a diario. Las cifras, inevitablemente, crecen.

Muchos de los niños que están hoy en Gaza son los encargados de ir a por comida a la trampa de alambre. ¿Os imagináis lo cruel que es esto? Paraos un momento a imaginaros que sois un niño de once años que ha perdido a toda su familia. Lleváis restos de explosivos en unas ropas sucias y viejas, estáis desnutridos, deshidratados y probablemente desorientados. Sois un niño abandonado y solo en lo más parecido al Infierno que existe en la Tierra. Vais a por comida sin tener si quiera la certeza de que vais a recibirla. Quizá os toque harina. Quizá os toque metralla.
Nunca he visto tanta crueldad. Es verdad que soy joven y privilegiada por haber nacido en un punto geográfico y temporal ajeno a la pobreza extrema y a los conflictos bélicos. Probablemente tú, que estás leyendo este artículo, también lo seas. Pero eso no puede hacer las veces de venda, no podemos cerrar los ojos y callar. Al contrario, nuestro privilegio tiene que ser la base sobre la que se escuche la voz de los silenciados.

No podemos, por más que se intente, ignorar el hecho de que Israel es un Estado completamente fallido, asesino, terrorista, cruel, sin escrúpulos e infernal. Que está llevando a cabo una limpieza étnica desde hace casi 80 años y un genocidio desde hace casi dos.
No mires a otro lado. Acude a manifestaciones en contra del genocidio y en apoyo a la soberanía de Palestina; habla con tus amigos, compañeros o familia sobre lo que está sucediendo, haz donaciones a la UNRWA o a Save the Children (si puedes), infórmate bien para que no te tomen el pelo y para que puedas corregir a los desinformados porque la propaganda israelí es increíblemente poderosa.
Implícate en la lucha, compañera, compañero, el pueblo palestino te necesita.
- ELORDUY, Pablo. «La ONG anti-UNRWA lanzada por exespías y marines de EEUU siembra el caos en el reparto de alimentos en Gaza». El Salto. 29 may 2025. Web: https://www.elsaltodiario.com/palestina/ong-anti-unrwa-lanzada-estados-unidos-siembra-caos-reparto-alimentos-gaza ↩︎
- Sacado de su instagram @moh.zraiy. Traducción de @jess.sandia ↩︎
- Tariq Ali. «Irán e Israel frente al orden geopolítico occidental». Diario Red. 19 jun 2025. Web:https://www.diario-red.com/articulo/armas-para-pensar/iran-israel-frente-orden-geopolitico-occidental/20250618203809049587.html ↩︎
- «Israel ha matado en Gaza a más niños que hombres y mujeres». Naciones Unidas. 19 sep 2024. Web: https://news.un.org/es/story/2024/09/1532906 ↩︎
Un comentario sobre “¿QUÉ COMEN LOS NIÑOS EN GAZA? A VECES, HARINA. A VECES, METRALLA”