Han sido muchos los meses que he dedicado a la oposición, concretamente, unos 18. Meses en los que trabajaba y estudiaba simultáneamente pero también meses en los que solo he estudiado. Os confieso que estos últimos han ido los peores. Dedicarse única y exclusivamente a algo por lo que no tienes una recompensa aparente a la vuelta de la esquina es agotador. Nadie te dice que la vayas a tener. Nadie te asegura el éxito detrás de todo tu esfuerzo. Detesto los discursos que sentencian que tendrás todo lo que quieres si te esfuerzas y sacrificas. No es así. No a priori.
El verano del 2023 ha sido, sin duda, el peor de mi vida. No solo por la oposición sino también por la vida misma, la propia vida atacando a su manera. Solamente he estudiado y he llorado, y me ha sobrevenido una inmensa nostalgia que me asfixiaba por las noches. La nostalgia de la liberad, de mi vida en otras ciudades en las que era feliz y libre. Todos mis recuerdos se han visto este verano encerrados en mi habitación.
Mi vida era todos los días la misma: todos los días postrada en mi escritorio leyendo una y otra vez las mismas oraciones. Sin saber para qué hacía eso, viendo cómo había renunciado a aspectos importantes de mi vida a cambio de nada. Porque no tienes nada mientras luchas por algo. Y no sabes si lo tendrás. Todas las mañanas enfrentándome a las náuseas del reencuentro con los apuntes ha sido realmente asqueroso.
Como si de una droga se tratara, he sentido más que nunca la necesidad de leer, de ir a un museo, al teatro, a una exposición, a la biblioteca (para leer, no para estudiar); de salir, de un beso, de una caricia, una mirada. He sentido más que nunca la necesidad de sentir que se me llena el alma con algo. Me he visto completamente despojada de mi persona, de mi ser y de mi esencia. Y ha sido horrible.

El examen ya pasó, ya lo hice, pero aún no tengo los resultados. No voy a mentir, estoy completamente segura de que no tengo la plaza, y no me importa o me preocupa. Todo el trabajo de este verano ha sido imprescindible para labrar el camino hacia un futuro laboral con el que, por fin, sienta que encajo. He creado una base muy sólida de conocimientos y me he dado cuenta de que voy bien encaminada, de que lo estoy haciendo realmente bien. Una de las cosas que más me preocupaba era no saber, dado que estoy haciendo este proceso sin ayuda de ninguna academia, si estaba haciendo bien las cosas, si los tema estaban bien estructurados, si estaba acertando en los datos, etc. Pero sí, voy por muy buen camino.
No sé si exagero con todo esto que escribo, siempre me da la sensación de que exagero con todo. No todo ha sido malo este verano, en realidad. He estado estudiando por videollamada con una muy buena amiga mía y, la verdad, todo lo que he llorado se compensa con todo lo que me he reído. Esa complicidad con las bromas, las tonterías, los bailes a través de la cámara, las confidencias, han sido imprescindibles para soportar el peso de una vida pegada a unos apuntes. Porque, mientras estudias, la vida ahí fuera se sigue sucediendo y siguen pasando cosas que duelen. El dolor nunca te espera.
Gracias a esta base intelectual que ya he formado con respecto a mi temario ahora puedo volver a trabajar mientras estudio, a leer mientras estudio, a subir reseñas de libros, exposiciones y lo que sea que pase por mi vida. Llevaba mucho tiempo echando de menos algo que creo que está volviendo poco a poco. Ahora todo es diferente pero esta sigue siendo mi vida, estas siguen siendo mis cosas y yo sigo siendo una intensa.